Hans Carlier
Después de vivir y trabajar por más de 15 años en las regiones montañosas de Kenia, Perú, Ecuador y Nepal, se solicitó a Hans Carlier, editor invitado, brindarnos su punto de vista sobre el desarrollo sostenible de la agricultura de montaña. El autor afirma que la misma gente del lugar tiene la clave para el desarrollo sostenible, no los de afuera. Esto necesita ser reconocido antes de que la «montaña de oportunidades» y la sabiduría de estos pueblos se erosione tanto que ya no pueda recuperarse.
Como trabajador por el desarrollo, se espera que analice los problemas y ayude a los agricultores a comprender y esclarecer los llamados «cuellos de botella» en su desarrollo. Sin embargo, siento que esto nos desvía del camino. Perdemos la dirección de lo que realmente queríamos hacer: ayudar al desarrollo agrícola de manera sostenible. ¿Cómo podemos esperar que una persona prospere si seguimos enfatizando sus errores y fracasos? Si acentuamos los problemas, lo único que desarrollaremos es un sentimiento de frustración y atraso, una carencia de poder. Parece que las buenas soluciones siempre tienen que provenir de otra parte. En muchos proyectos de desarrollo se ignora la tecnología existente. En vez de desarrollar el conocimiento, lo ocultamos. Las personas con una tradición de conocimientos muy desarrollada son silenciadas e incluso se les hace sentir avergonzadas. Lo que es peor aún, ya no se sienten capaces de dirigir su propio desarrollo.
Deje que las personas se sientan orgullosas
Nepal, un país seriamente subdesarrollado en lo económico,
presenta la tasa más alta de campesinos que practican la agricultura
ecológica. Cuando mis colegas nepaleses se dieron cuenta de
ello, parecía como si tuvieran más fuerza y confianza
en sí mismos que nunca. Ya no había necesidad de sumergirse
en grandes cúmulos de bibliografía en idiomas extranjeros.
Sus fuerzas y destrezas fueron enterradas profundamente. Ellos obtuvieron
sus conocimientos a través de experiencias durante su juventud,
su crianza y educación en sus propios pueblos. De pronto, se
dieron cuenta que provenían de diferentes regiones y que todos
tenían experiencias fascinantes en agricultura sostenible.
Su capacitación universitaria también había «envuelto»
sus conocimientos en vez de desarrollarlos. Ahora que han comprendido
todo esto, el descubrimiento, o el proceso de desarrollo real, puede
abrirse paso.

Agricultores de diversas regiones montañosas de todo
el mundo saben como alcanzar el éxito de manera sostenible.
Les toca el turno de hablar. Personas de institutos, profesionales
y políticos han venido a escuchar. Fuente: Revista Minka
No 32. Dibujo: Eduardo Moisés. Dibujo Minka
Montañas de sabiduría
Cuando se comparan con los errores desastrosos cometidos por «los
pobladores de las tierras bajas», los habitantes de las montañas
han acertado en el manejo ecológico de su medio ambiente. Casi
no se unieron al festín del sobre-consumo agotando los recursos
energéticos, minerales y los bosques tropicales del mundo a
una velocidad alarmante. «Los poderosos de tierras bajas»
los forzaron a retirarse a las regiones montañosas más
inaccesibles y vulnerables. Los habitantes de montaña representan
el 10% de la población mundial, casi siempre, sin opinión
política. Pero aún pueden estar orgullosos de decir
que tienen la clave de nuestro futuro común. A lo que se llamaba
ignorancia se le ha convertido en una clave importante para entender
el desarrollo sostenible. Los agricultores de montaña utilizan
un sistema de conocimiento diversificado para poder sobrevivir en
un medio ambiente complejo y a veces cruel. Ellos nos enseñan
como vivir una vida digna en equilibrio con la naturaleza. El medio
ambiente extremo de las montañas, requiere un conocimiento
cabal de su naturaleza y una tecnología bien adaptada. En diferentes
regiones montañosas, he conocido personas que han desarrollado
herramientas de trabajo. Todas estas herramientas fueron adaptadas
a los problemas específicos de las montañas, tales como
la erosión, las diferentes estructuras del suelo y la pendiente.
Además, estas herramientas han sido adaptadas a los medios
de transporte local y a la fuerza limitada de las personas y animales.
¡Imagínese los libros tan interesantes que se pueden
escribir acerca de estas herramientas, especialmente para los agricultores
de montaña! Espero que un creciente número de técnicos
escolarizados y proyectos de desarrollo muestren interés en
estas herramientas de montaña.
Recuerdo muy bien un proyecto en el Perú, en
el que agricultores y herreros de la sureña provincia de Puno
fueron invitados a una competencia. Con su viejo arado de pie, la taqlla,
tenían que iniciar una competencia de excavación contra
un azadón de origen hispano. La taqlla derrotó ampliamente
al azadón. Los agricultores, quienes también eran herreros,
ayudaron a sus colegas a elaborar la taqlla con recursos propios. Su
taqlla fue sólo un ejemplo de las diversas formas en las que
se utiliza esta herramienta en los Andes. Hay información sobre
las taqllas que han sido adaptadas para cada ladera y tipo de suelo.
Las montañas, antes denominadas como «islas en el cielo»
(Rhoades, ILEIA Newsletter 1988), enfrentan al agricultor con un enorme
conjunto de diversos ambientes climáticos. El suelo y la temperatura
difieren en cada altitud. Los agricultores son conocidos por saber explotar
estas diferencias de manera inteligente.
Daniel Hilario, un agricultor del pueblo de Chongos Alto, en la región
central de los Andes, es dueño de una hectárea dividida
en 30 parcelas diferentes. Sus campos se localizan a diversas altitudes,
que varían desde los 2000 a los 3800 m.s.n.m. El conoce los diferentes
suelos de cada campo. Algunos campos necesitan una siembra temprana,
mientras que otros sólo se cultivan casi al finalizar la temporada
de lluvias. Esto se adapta muy bien a él. No hubiera podido ser
capaz de realizar todo este trabajo pesado en un corto período.
Debido a la variedad en los campos, la siembra, así como la temporada
de cosecha se prolongan. Sus campos también se encuentran ubicados
a diferentes alturas s.n.m., es por eso que el riesgo de fracaso es
limitado y su familia siempre tiene algo que comer. La experiencia le
ha enseñado a Daniel que el granizo o la helada nunca afectan
todos los valles al mismo tiempo. Los productos que la familia de Daniel
necesita de la parte alta de las montañas, tales como la lana
para ropa o abono para los cultivos es traída al pueblo por los
pastores. Ellos intercambian sus productos por granos. De la misma manera,
in parientes de las partes bajas más distantes de las montañas,
donde el clima es más templado, llevan frutas y hierbas. Un próspero
intercambio comercial que une 4000 metros de altitud!
Los
agricultores experimentan para encontrar soluciones apropiadas |
La organización
World Nelghbors (Vecinos del Mundo) aprendió muchas lecciones
valiosas al trabajar con agricultores aymaras y quechuas en la
zona andina. Primero, los especialistas en capacitación
sólo serán efectivos si brindan un seguimiento,
de manera que la tecnología pueda adaptarse según
se necesite en el tiempo. Segundo, la tecnología participativa
es específica para un solo lugar. No importa cuán
simple sea la tecnología, no puede transferirse de un lugar
a otro, aun cuando haya sido desarrollada por los propios campesinos
y parezca apropiada. De inmediato
se hizo evidente la necesidad de una experimentación a
pequeña escala. De manera eventual, los agricultores eligieron
evaluar dos ideas. La primera era la elaboración de profundos
surcos de labranza en contorno. La precipitación anual
era muy escasa en esta zona por lo que los agricultores no pudieron
plantar maíz. Tal vez esta tecnología apropiada
les permitiría conservar suficiente agua en la zona de
la raíz, para que finalmente puedan lograr el cultivo en
sus suelos arenosos. Otra metodología probada por los agricultores
fue la de terrazas de banco de dos metros de ancho; la mitad del
ancho de las terrazas que estaban promoviendo los agrónomos
profesionales que trabajaban para la otra ONG que fomentaban estas
actividades. También se plantó hierba en los márgenes
de estas terrazas para protegerlas y también para proporcionar
alimento al ganado. Edward Ruddell
y Robert Ainslie |
Red de seguridad social
La así llamada «familia extensa» es frecuentemente
el único medio para poder sobrevivir en las regiones montañosas.
Este tejido de seguridad social se mantiene cuidadosamente, aun si ello
necesita mucho tiempo y esfuerzo. Influyendo fuertemente en lo que es
permitido o no en el pueblo. Las normas sociales son necesarias para
mantener un estilo de vida ecológico, a pesar de que algunas
veces las generaciones más jóvenes se sienten limitadas
por ellas. El pastoreo en las tierras comunales y en los campos de cultivo
después de la cosecha, así como la conservación
de suelos y el mantenimiento de la infraestructura de riego y de los
caminos, necesitan de cooperación mutua y un conocimiento integral
de la organización social. Las personas que viven en las montañas
se necesitan unos a otros en tiempos de desastres naturales, pero también
para combatir plagas y enfermedades, para compartir e intercambiar herramientas,
semillas y fuerza de trabajo. En pocas palabras, la agricultura en las
montañas está muy bien organizada. Muchas actividades
agrícolas están acompañadas de celebraciones festivas
que fortalecen los sentimientos de solidaridad. Las ceremonias también
anuncian el inicio o término de las actividades del calendario
agrícola, con el fin de evitar el fracaso de los cultivos.
Cambio
Creo que los agricultores de las montañas son conscientes
de que algunas de sus prácticas no son ecológicas. A
menudo no tienen otra alternativa. Se necesita alimentar cada vez
más y más bocas. La más alta inversión
en la educación de sus hijos («para que no tengan que
sufrir lo mismo que sus padres») los lleva a cultivar suelos
que deberían estar en barbecho o que están ubicados
en pendientes muy fuertes o zonas muy altas para el cultivo. Los fertilizantes
químicos les permiten cultivar de manera continua estas frágiles
parcelas hasta que ya no quede nada. Mucha gente migra a otras regiones,
ya sea por períodos largos o cortos. Algunos ganan algo de
dinero en las ciudades, industrias o en las minas para así
poder continuar su vida en la montaña. Otros las dejan para
siempre e invierten sólo en sus nuevas vidas en algún
otro lugar. Sus tierras se quedan sin cultivar o los parientes que
se quedan se hacen cargo de ellas. La tierra nunca se vende, uno nunca
sabe...
Tan pronto como se presente una oportunidad, muchos hombres se van
y las mujeres que se quedan con sus niños tienen más
trabajo agrícola por hacer. Las inversiones en sostenibilidad
decaen. Con frecuencia esto se produce debido a una fuerte carga de
trabajo o enfermedad más que por una carencia de conocimiento.
Debido a que las mujeres se quedan en su pueblo permanentemente, y
a que están menos involucradas en la economía de mercado,
muestran mayor interés en la vida sostenible en las montañas.
A menudo ellas son las que mantienen el conocimiento vivo y lo transmiten
a las generaciones más jóvenes. Con frecuencia, las
escuelas son muy ajenas a este tipo de conocimiento. Están
principalmente muy ocupadas en enseñar a los niños el
conocimiento «de ciudad» y difícilmente les enseñan
a respetar la sabiduría tradicional de sus madres (a menudo
analfabetas).
Aparte de migrar para ganar dinero, muchos pobladores desarrollan
alguna forma de actividad económica. Muchos oficios se basan
en antiguas tradiciones, pero algunos constituyen también la
reacción a nuevos estímulos del mercado. El éxito
de dichas actividades depende de su complementariedad con la producción
de alimentos básicos y sus efectos sobre los recursos naturales.
La competencia laboral también juega un rol muy importante.
Hasta cierto punto estas industrias a pequeña escala alivian
la presión sobre la tierra agrícola mediante la diversificación
de las actividades económicas. Felizmente, éstas hacen
la vida en los pueblos más atractiva para la gente más
joven evitando que los pueblos se queden desiertos. En un taller en
Cuenca, Ecuador, uno de los jóvenes campesinos afirmó:
«Mis padres estaban satisfechos con lo poco que tenían
y que la naturaleza les había ofrecido. Para nosotros la palabra
«suficiente» no existe. Nosotros, que fuimos a la escuela,
nunca estamos satisfechos aún cuando tengamos mucho».
Se solicitan reporteros
Sería muy útil si la mayoría de los
trabajadores para el desarrollo hicieran uso de todas las facilidades
con las que cuentan. En vez de enseñar y capacitar, deberían
hacer inventarios y comunicarlos. Si ellos escucharan cuidadosamente
a los agricultores, como un buen reportero, podrían construir
puentes entre las regiones montañosas a través de la
radio, la televisión o los periódicos. Creo que esto
es lo que los agricultores apreciarían. En lugar de promover
la ciencia occidental, los científicos deberían ser
invitados a la montaña para apoyarla práctica con la
teoría. Ellos deberían apoyar plenamente la comunicación
entre agricultores. La experiencia de los agricultores con la naturaleza
necesita ser documentada lo más pronto posible. Si no es así,
no debemos sorprendernos cuando dentro de pocas generaciones la vida
sostenible en las montañas sea menos factible, debido a que
se ha perdido el conocimiento. Vivimos en la era de las comunicaciones.
Ninguna región montañosa escapará a la influencia
de la sociedad industrializada.
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Tenemos que encontrar nuevos métodos de transmisión de las tradiciones lo más pronto posible. ¿Cuándo existirán escuelas en donde se continúe enseñando el conocimiento indígena de las montañas? ¿Cómo abordará la educación convencional este tipo de conocimiento? Un nuevo futuro para muchas fincas de demostración y capacitación podría ser el de hacer funcionar un centro de tecnología y conocimientos. Este centro puede consistir en un tipo de museo al aire libre en el cual los diferentes agricultores de montaña puedan compartir su sabiduría, no sólo en agricultura, sino también en arquitectura, medicina y salud. ¡Los ancianos estarán orgullosos de ayudar a preservar sus conocimientos para las generaciones futuras! Ya tenemos bancos de genes. ¿Por qué no debemos tener banco de conocimientos? Los proyectos para la conservación de las montañas deberían incluir a estas personas conocedoras, en lugar de e-charlas a patadas como si fuesen animales destructivos.
Por último, me gustaría citar a un agricultor de Chongos Alto: « La fuente de vida yace al este, donde el sol se levanta y se encuentran las montañas más altas. El curso de la vida está al oeste, en el mar; donde el sol se oculta. Sigue el curso del agua y el suelo. Aunque parece fácil la bajada, es un verdadero arte hacer que el recorrido cuesta abajo sea lo más largo posible. Así como las plantas producen semillas antes de morir, el hombre regresará otra vez a seguir el curso de la vida».
Hans Carller
Project Earth,
Stokebrand 233, 7206 EE Zutphen, Netherlands




Taqllas peruanas. Fuente: La Chakitaqlla en el Mundo Andino,
por Víctor Rivero L. 1987. Proyecto de Herramientas e
Implementos Agrícolas Andinos. Corde Cuzco - Cotesu.