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Una apuesta para el aprovechamiento de los servicios del agrosistema: propuesta para el manejo agroecológico de plagas

La agroecología surge básicamente de dos raíces: la crítica a la Revolución Verde por sus impactos ambientales y sociales, como consecuencia de la concepción occidental de la agricultura como rama de la industria, y el descubrimiento de identidades socioculturales tradicionales, que provenían de una coevolución entre naturaleza y sociedad, y se expresaban en un manejo respetuoso del medio ambiente.

LEISA revista de agroecología | 20.4 | abril de 2005

La agroecología surge básicamente de dos raíces: la crítica a la Revolución Verde por sus impactos ambientales y sociales, como consecuencia de la concepción occidental de la agricultura como rama de la industria, y el descubrimiento de identidades socioculturales tradicionales, que provenían de una coevolución entre naturaleza y sociedad, y se expresaban en un manejo respetuoso del medio ambiente. Esto empieza a ser estudiado por los ecólogos y luego, progresivamente, se incorporan estudiosos de las ciencias sociales y agrarias (Guzmán et al., 2000). El cuerpo técnico productivo de la agroecología se basa en el reconocimiento y valoración de los diversos manejos y técnicas tradicionales, sumados a nuevas propuestas técnicas y manejos armónicos con el medio ambiente. La agroecología preserva la biodiversidad, obtiene alimentos y fibras, y mantiene el funcionamiento del agroecosistema.

Lo que debe quedar claro es que, bajo cualquier sistema, al hacer agricultura se altera el ecosistema natural. Dependiendo de la intensidad y frecuencia de las perturbaciones, la diferencia entre agroecosistema y ecosistema natural será mayor o menor, pero siempre existirá (Gliessman, 2002). La producción respetuosa con el medio ambiente ha tomado varias formas, desde la que se centra en un uso de insumos permitidos por las normas de producción orgánica, en una perspectiva básicamente de sustitución de insumos, hasta aquéllas donde se aprovecha hábilmente, a través del diseño de sistemas y el manejo de la biodiversidad, los beneficios de los ecosistemas agrícolas.

Los fitófagos siempre han estado presentes en los sistemas agrícolas, su importancia ha dependido de la percepción cultural de la sociedad. Es así que para la visión occidental se vuelven plagas en función de un daño económico marcado por el precio relativo del producto en el mercado, mientras que un indígena puede verlos como animales que también tienen derecho a comer, y sembrará una cantidad especial para ellos, la que sabe se perderá. Sin embargo, en ambas concepciones aparece un límite de competencia tolerable. Y esto es tanto así, que en todos los sistemas agrícolas existen medidas a tomarse en caso de que se rebase dicho límite cultural. Debe entenderse además, que este límite puede moverse más allá de la campaña agrícola en sí.

Para poder analizar los agroecosistemas y la reacción de los agricultores ante los fitófagos, se hará una agrupación de elementos del agroecosistema que facilite el análisis (Esquema 1) y luego se ordenarán estos elementos en un esquema que permita explicar una propuesta agroecológica de manejo de plagas. Emplearemos el término plaga, para aquel fitófago que haya rebasado el límite cultural arriba conceptualizado.

Si enfocamos la situación desde la planta o el cultivo de interés tendremos dos factores: el interno, que trabaja con lo que algunos han llamado la «resistencia fisiológica», que se basa en la teoría de la trofobiosis de Francis Chaboussou, y el factor externo, que es el medio que rodea a la planta, el cual actúa en dos niveles: primero, en lo que endógenamente puede generar el sistema como mecanismos naturales de regulación, donde la acción del hombre sobre la plaga, es indirecta y se da a través del manejo del medio (por ejemplo, la estimulación del control biológico natural, la asociación de cultivos, la rotación, mezcla de variedades, etc.) y su carácter es básicamente preventivo o de amortiguación (‘buffer’), y segundo, en las acciones o intervenciones directas que se realicen para eliminar el carácter de plaga del fitófago (por ejemplo, la aspersión de rotenona, la liberación de controladores biológicos, el recojo manual de insectos, la liberación de insectos machos esterilizados, etc.) Estas últimas tienen principalmente un carácter curativo rápido (De la Cruz, 1998). En la agricultura occidental también existen prácticas de liberación de insectos (entomófagos o esterilizados) para mantener una población de fitófagos por debajo del nivel en el que ya sea considerada como plaga.

El aspecto más importante del factor interno, la «resistencia fisiológica», consiste en que una planta podrá ser atacada por un fitófago en función de su estado bioquímico, determinado por la cantidad y tipo de sustancias solubles que satisfagan los requerimientos nutricionales del fitófago (Chaboussou, 1999). Existen factores que favorecen la presencia y acumulación de estas sustancias solubles (aminoácidos) y, por lo tanto, el incremento de la población del fitófago hasta alcanzar niveles de plaga. Estos factores son de dos tipos, estrés por el manejo agrícola y estrés por condiciones naturales. Así tenemos para el primer tipo de estrés, las malas prácticas agronómicas (por ejemplo, riego deficiente), el exceso de fertilización nitrogenada, la aplicación de plaguicidas de síntesis, la rotura de raíces por remoción de tierra, el cultivo de especies o variedades no adaptadas a la zona, etc. Para el segundo tipo de estrés tenemos factores climáticos, edad y etapa fisiológica de la planta, etc.

Dentro del factor externo, en un primer nivel se aprovechan y fomentan los mecanismos naturales de regulación que endógenamente puede generar el sistema (por ejemplo, instalación de plantas que atraigan y refugien controladores biológicos, incremento de los microorganismos del suelo a través del abonamiento con materia orgánica, orientación de cultivos para manejar el microclima, asociación de plantas para repeler a los fitófagos, etc.) de tal forma que no hay una acción directa del hombre sobre las plagas, sino que es el agroecosistema el que actúa. El diseño del agroecosistema y el manejo de la biodiversidad son los que permiten potenciar los mecanismos naturales de regulación. En el caso de los campesinos, estos diseños y manejos se han desarrollado como parte de una evolución interrelacionada entre la naturaleza y su sociedad. En un segundo nivel interviene la acción directa como componente final de este enfoque, recalcando que en una propuesta de manejo agroecológico, las medidas que se tomen deben respetar a las personas y el medio ambiente.

El primer escollo que un fitófago debe superar es el que está compuesto por la «resistencia fisiológica» y los mecanismos naturales de regulación del agroecosistema, los cuales están estrechamente relacionados. Cuando el fitófago los supera, y pasa el nivel cultural de competencia tolerable, entra la acción directa de control. La importancia de cada uno de estos factores dependerá del sistema que manejemos. El éxito de un sistema de base agroecológica dependerá de la construcción de un sistema en el cual la «resistencia fisiológica» y los mecanismos naturales de regulación funcionen con gran eficiencia. Es decir, que no permitan o faciliten que el fitófago se vuelva plaga al superar los niveles de competencia tolerables establecidos por cada cultura. Quedando como una última alternativa la acción directa de control de la plaga (Esquema 2).

Mientras la agricultura convencional en su propuesta de manejo ha ido afectando y restando importancia a la resistencia fisiológica y a los mecanismos naturales de regulación del sistema, su base de manejo de plagas se ha ido orientando al control directo, principalmente, a través del uso de plaguicidas sintéticos (Esquema 3). Esto último constituye un claro ejemplo de cómo desaprovechar los servicios del ecosistema.

César De la Cruz Abarca
Grupo Internacional de Agroecología
Correo electrónico: cesardelacruzabarca@gmail.com
cdecruza@yahoo.com

Referencias

  • Chaboussou, F., 1999. Plantas Doentes Pelo Uso de Agrotóxicos (A Teoría da Trofobiose). Ed. L y PM. Brasil.
  • De la Cruz, C., 1998. El Control de Plagas en la Agricultura Orgánica. Resúmenes de la Convención Nacional de Entomología. Ed. Sociedad Peruana de Entomología. Perú.
  • Guzmán, G., González de Molina, M. y Sevilla, E., 2000. Introducción a la Agroecología como Desarrollo Rural Sostenible. Ediciones Mundi-Prensa. España.
  • Gliessman, S., 2002. Agroecología. Ed. CATIE. Costa Rica.
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